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   Todos Son Mis Hijos
 

 
ZAKI EILA   (Al aila )
 

Nacido en Gaza, 1950. Licenciado en Ciencias de la Educación por la Universidad Ain Chams de El Cairo. Autor de cuatro colecciones de relatos: La sed  (1978), El monte no viene (1980), Muros de sangre (1989), Un mar gris profundo (2000). Miembro  del  Consejo  Administrativo  de  la Unión  de Escritores Palestinos.
 
 
                                              *******************
Con los primeros  rayos  de sol sales  de tu  casa.  No sabes adonde te llevan los pies. Adonde te conduce el camino. Te sientes derrotado. Un nudo te ahoga por dentro. Tu cabeza esta a punto de estallar. Dicen que  en  casos  como este  es  preferible  comunicarlo  a  la  Cruz  Roja. Especialmente si no lleva carne de identidad. Menor de edad.
Antes  de  la  medianoche  el  estruendo  que  producían  desgarraba  el corazón  del  silencio.  Botas   militares.  Ruidos  de  radiotransmisores. Voces  incomprensibles.  Choques  de  pesados  zapatos.  Golpes.  Casi aplastan la puerta con  sus  puñetazos.  Corres  asustado  hacia  el  patio. Los reflectores hacen que te sangren los ojos.
Unos palos aporrean tus caderas. Tus hombros. Ellos te disparan unas palabras que te sacuden como látigos.
- ¿Donde están los niños?
Se lanzan contra las puertas. Te empujan. Pierdes el equilibrio. Amyad aletea entre sus manos como un pájaro al que los árboles evitan.
        - ¿Que queréis? El es menor. No tiene documentación.
Te dan un  empujón.  Arrastran  a  Amyad haciéndole  tragarse  el  suelo. Gritos.  Un  puñal mellado  corta  tus  arterias.  Corres  tras  ellos.  Te empujan.  Te  das  la  vuelta.  Una  espuma  hirviente  se  agolpa  en  tu garganta.
-  Nosotros  hacemos  nuestra  vida.  No  nos  han  denunciado.  No  nos metemos con nadie. Ni con el ejército, ni con nadie.
Se te confunden  las  calles  y las puertas.  Es  cuestión de  tiempo.  Un varón al cabo de cinco niñas. Lo contemplas una decena de veces. Lo pones ante tus ojos. Lo arropas con tus parpados.
 ¿Murmuran Cruz Roja, u  otra  cosa?  Hay  que  hacer  lo  que  hay  que  hacer.  Es  necesario comunicarlo a la Cruz Roja. Comunicarlo a las piedras del suelo, si hace falta. Pero .. ¿Como llegar a Gaza? llegar hoy a Gaza es más difícil que pasar un camello por el ojo de una aguja.

 
El problema no esta en andar. Ni tampoco es que no haya coches. La distancia  entre  Yabaliya  y  Gaza  no es  mucha.  A  menudo  la  has recorrido  andando.  El  problema  es  que  los  malditos  esos  no  dejan nunca a nadie en paz. Hoy, una huelga. Cazan a los que pasan por allí para levantar barricadas. Apagar los neumáticos. Quitar los obstáculos de en medio. Pasan las horas del día, pesadas, lentas, y tu no llegas a tu destino. Se te ocurre una idea. ¿Por que no llamas por teléfono desde la clínica? Es más rápido, más útil y más seguro.
La imagen de Amyad te cierra el paso. Todo el tiempo le estas pidiendo que vaya a lo suyo. Eres demasiado pequeño para atacar y apedrear a nadie, para dar vueltas a la cabeza.  ¿Que puede hacer la palma de la mano  frente  al filo  del  cuchillo?  Sabes  que  el  finge  escuchar  tus palabras. Trataba así de complacerte.
Pero ¿adonde se lo han llevado? ¿Lo habrán entregado directamente a los auxiliares? O  lo habrán dejado toda  la noche en las oficinas centrales del ejercito?
Te recorre  un  escalofrió.  Sabes  perfectamente  lo  que  ocurre  en  las oficinas centrales del ejército. La historia de Hani Al-Chami   no se te va de la cabeza:
Un día por la tarde lo  sacaron  de su casa.  En  su versión  pasada por agua, en su versión preparada para comercializar con ella, dijeron que se había resistido a la detención de su hijo pequeño. Ellos lo golpearon sin cesar, estando atado de  pies y manos,  en cada  pulgada de  su cuerpo, con porras y barras de hierro, delante de su hijo. Le pisotearon el  pecho y la  cara basta  que no quedo ni  un soplo de vida  en sus pulmones.
La luz dejo de brillar en sus ojos. Las paredes de la central se llenaron de chorros de su sangre y fragmentos de su carne
 
 
*   *   *
 
Te  acercas  a  la  plaza  que  lleva  a  la  clínica.  Muchedumbre.  Voces. Estruendo.  Movimiento.  Te invade  la  inquietud. Resbalas  por  la  calle. Voces cargadas de ira:
-Dicen que han encontrado a tres niños con los ojos vendados, y atados de pies y manos Los israelíes, después de destrozarlos, los arrojaron a la plantación de Assaf.
-Si Dios no hubiera puesto su mano no  habría quedado vivo ni uno solo de ellos.
Una mujer oyó un gemido junto a la valla. Llamo a la gente. Los han cogido en el último aliento.
Sales  corriendo  hacia la  sala  de  primeros  auxilios.  Cuerpos  delgados, tiernos,  tendidos sobre las camillas.  Cuerpos  que  rezuman  sangre, barro y agua.

 
Murmullos. Estertores. Gemidos.
Una  corriente  fría  te  hiela  de  golpe.  Tu  pecho  sube  y  baja.  Dejas escapar un grito frágil. Un grito agotado:
-Amyad...
  La voz del medico, precipitada:
-Hay  que  llevarlos  al  hospital  Al-Chifa.  Necesitan  transfusiones  de sangre. Hay fracturas y hemorragias.
Grupos de  jóvenes corren hacia los  coches que  llevan  a  los  niños.  Se hacinan en su  interior.  Se  ponen  a  trabajar.  Camillas.  Un  bosque  de manos La sangre lo cubre todo. Tus huesos crujen. Se te nublan los ojos
Un agua salada se condensa en tu boca. Agonía. Es cuestión de tiempo. Todo lleno de órdenes: subir y bajar ir y venir. Se te cierran los ojos. Tratas de confundir la verdad oculta en tu interior. La piedra frente al tanque La palma de la mano y el filo del cuchillo.
Una vez se envalentono y te respondió:
-Ellos  no  dejan en  paz a  nadie. Provocan  a todo  el mundo.  Nadie se libra de su maldad.
Sus palabras siguen resonando, candentes, en lo más profundo de ti.
…El que esta sentado o el que esta de pie, a ellos les da lo mismo. Nadie se salva de esa plaga. No excluyen ni al grande ni al pequeño. Amargan la vida a todo el mundo. Apartarse de su camino es inútil. ¿Esconder la cabeza en el suelo? ¿Que hace  la  palma  de  la  mano  ante  el  cuchillo? Hace que persistan más. Codician tu sangre y tu carne más y más.
La palma de la mano puede convertirse en una espada que mella el filo del cuchillo. Lo rompe. Lo tritura si tiene la firmeza y dureza necesarias. La piedra es una protección para tu carne. La honda es una fortaleza para tu sangre. Para la sangre de todos.
Gritos fuera de la clínica. Barricadas. Piedras. Hondas. Porras de hierro. Tubos de cemento.  Humo.  Grupos de  mujeres  que llevan  las  piedras  en cestas.
Te  gustaría  hacer  astillas  una  honda,  una  piedra  en  manos  de  los jóvenes, la ira que se derrama sobre las oficinas centrales del ejercito.
Mientras te subes a la ambulancia cae sobre ti la pregunta del medico:
¿Cual de ellos es tu hijo?
Enmudeces unos  segundos.  Imágenes  ardientes  se  precipitan  hacia  el coche. Tu voz  forma una pasta con la sangre, el agua y el barro, y le dices:
-Todos son mis hijos
 
 
Traducción de Maria Dolores López
 
Enamorado

 

 

 

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